viernes, 20 de marzo de 2015

Frases de "La cruz ardiente" - Outlander 5




—Me gusta observarte, Sassenach. Sobre todo en sociedad. Cuando ríes, tus dientes tienen un brillo encantador —me dijo Jamie cariñosamente-.


(...)—No quiero que tengas otro hijo, Sassenach. No me arriesgaría a perderte —dijo, con voz súbitamente ronca—. Ni por diez niños. (...) Son suficientes. —Hablaba con suavidad, mirándome a los ojos—. Pero no tengo más vida que tú, Claire.


—Dejemos a los muertos con los muertos, Sassenach —murmuró—. El pasado se ha ido; el futuro aún no ha llegado. Y aquí estamos juntos, tu y yo.


Luego levantó la mano para tocarme el pelo y la cara, mirándome a los ojos como para retener mi imagen de ese momento, por si acaso fuera la última.
—Tal vez llegue un día en que tú y yo nos separemos otra vez -dijo por lo bajo. Sus dedos me rozaron los labios, ligeros como el roce de una hoja al caer. Sonreía apenas-. Pero no será hoy.


Los más bravos son, sin duda, aquellos que tienen la visión más clara de lo que se avecina, de gloria y peligro por igual, y aun así salen a su encuentro.


La mano de Jamie se tensó un poco sobre la mía, Lo miré, pero él continuaba observando algo más allá del patio (...) Me estrechó los dedos un poco más, hasta que el anillo se me clavó en la carne.
—Cuando llegue el día en que debamos separarnos —dijo en voz baja, mirándome-, si mis últimas palabras no son "te amo", habrá de ser porque no tuve tiempo.

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